sábado, 9 de junio de 2012

La crisis y las oportunidades

La crisis y las oportunidades
Las crisis son oportunidades,

¿quien lo puede negar?,
Lo dicen todos los manuales de autoayuda, pero no necesariamente buenas para todos.
En las primeras líneas de cualquier manual de autoayuda se lee que las crisis son oportunidades.
Lo decían los clásicos, lo recuerda la sabiduría oriental, lo afirman los optimismos de todas las épocas.
Debe ser una exhortación bienintencionada para liberarnos de la crisis que lo fatiga todo, de la pesadez que ahora domina las almas de este lado del mundo, pero a veces, cuando se nos dice lo que conviene reinventarnos y se nos recomienda que buscamos la nueva dirección de los vientos de la economía, también parece una forma resignada de afirmar que ya que no podemos cambiar el mundo, tendremos que cambiar nosotros.
Las crisis son oportunidades, quien lo puede negar?, Pero no necesariamente buenas para todos.
Leí, hace unos meses, un artículo de un profesor de una influyente y prestigiosa escuela de negocios de este país reivindicando la privatización de todas las propiedades públicas, incluidas las cárceles, los hospitales, las escuelas o las loterías.
También reclamaba que los jóvenes con carrera trabajaran dos años gratis y los que no tenían, de carrera, lo hicieran más tiempo.
Aquellos que no resultaran útiles, decía literalmente, se deberían dejar en manos de alguna institución que los rehabilitara con dureza. Hay individuos que tienen clarísimo que las crisis son oportunidades. Los profesores de las escuelas de negocios liberales, por ejemplo, pero también los que disimulan las inflamaciones de las glándulas españolistas bajo una pretendida racionalidad recentralizadora, o los que guardan en la recámara proyectos medioambientalmente irrespetuosos y que ahora pueden envolver con el lacito de unos cuántos puestos de trabajo,
o los que quieren incrementar plusvalías y aprovechar para recortar derechos laborales, o aquellos que, equipados con una conciencia de piedra y un ombligo bellísimo, siempre han mirado los recursos destinados a la solidaridad interna oa la cooperación internacional como una tontería excesivamente cara.
O, incluso, los que seguían con evidente incomodidad algunos esfuerzos para la recuperación de la memoria histórica, o los que en el ámbito del cine, la música o el teatro piensan que no puede haber ningún más dios que el todopoderoso dios del mercado. Para todos ellos y tantos otros, la crisis se ha convertido en la ocasión perfecta para desbaratar todo un mundo que nos han dicho que era insostenible pero que ahora resulta que no valía ni lo que nos costará el rescate de un de estos bancos que nos han llevado donde estamos.
En fin: nada que no hubiera anunciado Naomi Klein en la doctrina del choque. En el artículo del eminente profesor liberal, se advertía que las reformas inevitablemente desencadenarían indignación y revueltas. Será sólo cosa de cuatro días, decía. Habrá que aguantar algunas griteríos y cerrar algunos en la cárcel. En una de esas prisiones que en el futuro se privatizarán, me imagino.
Los que observan las reglas de la sociedad que estamos construyendo y tienen la mirada despierta para adivinar las oportunidades, saben que en el futuro las cárceles serán un gran negocio.