viernes, 15 de junio de 2012

politica y sentimientos

politica y sentimientos
Amadeu Hurtado y Miró era-escribe Jesús Pabón-un hombre de talento y de cultura notables, con una clara conciencia de su valía.
Parecía orgulloso pero carecía de toda vanidad, y la afabilidad no era una constante de su carácter, ya que dejaba paso a la dureza tan pronto la convicción o el deber lo exigían: entonces, y con frecuencia por lo tanto, se refería a las cosas por su nombre y decía las verdades sin tapujos.
Era un gran abogado con un importante despacho, razón por la que su paso por la política estuvo limitado por el ejercicio de su oficio, vivido con dedicación y entrega preferentes.
A los hombres que ocupaban los primeros puestos de la política catalana ni los consideraba superiores, ni los disputaba el lugar, ni creía razonable negarles la ayuda que pidieran.
Y como ni su bufete ni sus clientes sufrían precisamente de mala fortuna, disfrutó de aquella independencia que da el ejercicio con éxito de la profesión, lo que le permitía la presencia y la ausencia, la conformidad y la discrepancia , sin concesiones interesadas u oportunistas.
Este es el hombre que-el año 1934 - llevó la defensa de la ley de contratos de cultivo ante el Tribunal de Garantías Constitucionales, oponiéndose a la cuestión de competencia interpuesta por el gobierno del Estado y que había estado solo solicitada, entre otros, por los diputados catalanes Palau, Sangenís, Bau y Cambó, que expresaban la actitud de las entidades económicas de Cataluña, por las que este acto era "un atentado a la vida agrícola catalana".
De hecho, en la Generalitat esperaban una sentencia adversa, y pensaban oponer "un movimiento popular de protesta que se extendería a todo el campo con repercusión en las masas ciudadanas". Hurtado, por el contrario, se oponía firmemente a esta radicalización, apostando por la negociación. El relato de aquellas jornadas se ha publicado recientemente-tantos años después! - Con el título Antes del seis de octubre (un dietario) , que comprende del 29 de mayo al 15 de septiembre de 1934,
y que constituye una lectura altamente recomendable, en los días que corren, para todos aquellos que están llamados-por su lugar-a modular los principios que proclama la ética de la convicción con la prudencia que exige la ética de la responsabilidad.
Los prologuistas del libro-Amadeu Cuito y Víctor Hurtado-escriben que "redactado a pie de cañón, pone de relieve la tenacidad con que, a pesar del desinterés o la demagogia de los que le han encargado el caso, (Hurtado ) persiste en la negociación y acaba encontrando una solución al conflicto que opone a los dos gobiernos, pero pone también de manifiesto el drama de un hombre partidario de la concordia que se siente impotente para detener el clima de creciente confrontación que se apodera de los partidos y lleva al país a una crisis de consecuencias catastróficas que ve inevitables".
En efecto, 21 días después de que Hurtado cerrara su dietario, el presidente Companys, prescindiendo del orden constitucional vigente, proclamó el Estado catalán dentro de la República Federal Española. El resto de la historia es bien conocida.
El punto de partida de Hurtado-según escribe el 6 de junio-es este: "Querer convertir en un movimiento político de alguna de estas clases (socialista y catalanista) cualquier problema de ahora es exponerse que la opinión española responda en forma tan violenta que la República no pueda resistir.
Este es el aspecto que me preocupa del problema actual, y me parece que los políticos que no lo ven igual que yo no se dan cuenta del peligro que nos hacen correr a todos. "Detrás de esta aprensión hay-nos dice el 8 de junio-"la comprobación de un hecho que he remarcado muchas veces, o sea, que Cataluña no ha producido, ni por ahora puede producir, ningún otro tipo de político que el agitador, propenso a la protesta como el mismo pueblo y diestro en aprovechar qualsevulga motivo de orden sentimental para dar miedo al adversario mientras dure la llamarada.
Desde la Liga hasta el sindicalismo, la historia política de Cataluña ha descabellado siempre con este mismo patrón y el mismo ritmo ". El 9 de junio remacha el clavo: "Esta es la verdadera explicación de lo que pasa.
El Consell de la Generalitat deja de lado un problema jurídico que no ve claro y se defiende con una agitación política que está más a su alcance. Es lo mismo que sucedió muchas veces durante la discusión del Estatuto.
"Pero cuando llega la hora de la verdad, todo queda igual. Ya era previsible, si hay quien recomienda-el 12 de junio-"que la rebeldía que ahora comienza en forma tan entusiasta no debe pasar
de ciertos límites ". Pero qué límites?
Una rebeldía con límites es la que Hurtado describe precisamente el mismo día: "Los que han acudido hoy ante el Parlamento han pasado una tarde estupenda.
Han proclamado la República catalana, han declarado y han hecho la guerra a la República española, la han ganado, han pactado la paz y han dejado las cosas como antes.
Toda esta suma de invenciones, vividas en el espacio de cuatro horas, son una delicia sentimental que les habría sido privada con la proposición del gobierno (del Estado).
Todos sabemos que esta proposición, o similar o peor, será el final de una protesta sin objeto, pero vendrá después de que el buen pueblo o qué lo representen habrán podido disfrutar unos días de emoción como si jugaran con el peligro. "
Me ha parecido útil para todos aquellos que no llegarán a leer el libro de Hurtado recoger una síntesis de su pensamiento, que pone en guardia frente a la tendencia a convertir los problemas políticos en problemas sentimentales.

sábado, 9 de junio de 2012

La crisis y las oportunidades

La crisis y las oportunidades
Las crisis son oportunidades,

¿quien lo puede negar?,
Lo dicen todos los manuales de autoayuda, pero no necesariamente buenas para todos.
En las primeras líneas de cualquier manual de autoayuda se lee que las crisis son oportunidades.
Lo decían los clásicos, lo recuerda la sabiduría oriental, lo afirman los optimismos de todas las épocas.
Debe ser una exhortación bienintencionada para liberarnos de la crisis que lo fatiga todo, de la pesadez que ahora domina las almas de este lado del mundo, pero a veces, cuando se nos dice lo que conviene reinventarnos y se nos recomienda que buscamos la nueva dirección de los vientos de la economía, también parece una forma resignada de afirmar que ya que no podemos cambiar el mundo, tendremos que cambiar nosotros.
Las crisis son oportunidades, quien lo puede negar?, Pero no necesariamente buenas para todos.
Leí, hace unos meses, un artículo de un profesor de una influyente y prestigiosa escuela de negocios de este país reivindicando la privatización de todas las propiedades públicas, incluidas las cárceles, los hospitales, las escuelas o las loterías.
También reclamaba que los jóvenes con carrera trabajaran dos años gratis y los que no tenían, de carrera, lo hicieran más tiempo.
Aquellos que no resultaran útiles, decía literalmente, se deberían dejar en manos de alguna institución que los rehabilitara con dureza. Hay individuos que tienen clarísimo que las crisis son oportunidades. Los profesores de las escuelas de negocios liberales, por ejemplo, pero también los que disimulan las inflamaciones de las glándulas españolistas bajo una pretendida racionalidad recentralizadora, o los que guardan en la recámara proyectos medioambientalmente irrespetuosos y que ahora pueden envolver con el lacito de unos cuántos puestos de trabajo,
o los que quieren incrementar plusvalías y aprovechar para recortar derechos laborales, o aquellos que, equipados con una conciencia de piedra y un ombligo bellísimo, siempre han mirado los recursos destinados a la solidaridad interna oa la cooperación internacional como una tontería excesivamente cara.
O, incluso, los que seguían con evidente incomodidad algunos esfuerzos para la recuperación de la memoria histórica, o los que en el ámbito del cine, la música o el teatro piensan que no puede haber ningún más dios que el todopoderoso dios del mercado. Para todos ellos y tantos otros, la crisis se ha convertido en la ocasión perfecta para desbaratar todo un mundo que nos han dicho que era insostenible pero que ahora resulta que no valía ni lo que nos costará el rescate de un de estos bancos que nos han llevado donde estamos.
En fin: nada que no hubiera anunciado Naomi Klein en la doctrina del choque. En el artículo del eminente profesor liberal, se advertía que las reformas inevitablemente desencadenarían indignación y revueltas. Será sólo cosa de cuatro días, decía. Habrá que aguantar algunas griteríos y cerrar algunos en la cárcel. En una de esas prisiones que en el futuro se privatizarán, me imagino.
Los que observan las reglas de la sociedad que estamos construyendo y tienen la mirada despierta para adivinar las oportunidades, saben que en el futuro las cárceles serán un gran negocio.